jueves, 11 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

Buenos días

Sabía que preguntarías qué tal había dormido así que me levanté primero y me metí en la ducha a ensayar mi respuesta:

“Ha sido la peor noche de mi vida. Cada cinco minutos me despertaba y cada cinco seguías tú durmiendo. He soñado contigo, como ayer y antes de ayer y no recuerdo haberlo pasado tan mal nunca al despertarme. La gota china, astillas bajo las uñas, ahogamiento, desearte estrepitosamente y no poder hacer más que mirar.”

Suena tu despertador y acabo de salir del baño.

-Buenos días. ¿Qué tal has dormido? –dices con las manos en los ojos-.

Nervioso no consigo decir más:

-Bien, ¿y tú?


*He estado en el concierto de Michael Bublé el Domingo pasado en Madrid. Sencillamente increíble.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Luis García Montero

Hoy todas mis palabras las tiene él:

Si alguna vez no hubieses existido,
si el calor de tus muslos no me hubiese
buscado como un látigo preciso
y mis ambigüedades electivas
-los días más oscuros de mí mismo-
no te hubiesen tenido como saldo
de afirmación o excusa,
es posible
que este volver a casa en soledad
y demasiado pronto,
me recordase ahora un poco menos
al joven que apostaba por el mundo,
con el mundo a su espalda.

Sólo el amor es duro.
Metidos en la noche, regresando
entre la potestad y la mentira,
hablamos del poder o de los sueños
al hablar del abrazo.
Y no lo sé tal vez, no sé si me recuerdo
prisionero de un cuerpo o libre junto a él,
buscando salvación o en servidumbre,
miserable y maldito, pero atónito.

Quizás sólo se trata de que no estás aquí,
de que perder es duro para todos
y el amor me hace falta, como sabes.
Quizás contigo estuve
tan demasiado cerca de tu reino,
que necesito ahora desmentirte,
utilizar los trucos que uno tiene
para poder seguir.

Porque somos así seguramente,
huellas equivocadas,
solitarias hogueras de un camino,
paraísos de cuatro habitaciones
que sólo se comprenden
después de haber firmado muchas veces,
precisamente ahí,
donde pone El viajero.

Y a mí, ya que prefiero escoger mis derrotas,
quiero que me recuerdes derrotado,
como quien algo espera
más allá de los tiempos y los hechos.
Quizás porque haga falta haberlo presagiado
o porque, en todo caso, nadie sabe
dónde acaban los sueños.